Por Carlos Hartig.
Mientras las mujeres de Acción Nacional alzaban la voz para exigir seguridad y el fin de la brecha salarial, el gran ausente fue el dirigente estatal y diputado local, Ramón Cambero Pérez. A pesar de que la Secretaria de las Mujeres, Zarina Cabrales, intentó justificar su falta citando una “agenda apretada” en el Congreso, el vacío dejado por el presidente del partido en un evento de tal relevancia para el 8 de marzo no pasó desapercibido. Resulta contradictorio que, en una fecha destinada a la reflexión y la acción política real, quien ostenta el máximo cargo del PAN en Nayarit y una curul en la legislatura local prefiera enviar saludos a distancia en lugar de confrontar directamente las cifras de violencia que asfixian al estado.
Durante el encuentro, la Senadora Ivideliza Reyes Hernández fue contundente al señalar que todavía no se alcanzan los niveles de igualdad deseados, un recordatorio incómodo para una dirigencia estatal que parece delegar la lucha de género exclusivamente a sus militantes mujeres. Mientras la senadora hablaba de «allanar el camino» para las próximas generaciones y recordaba los obstáculos enfrentados desde 2005, la ausencia de Cambero Pérez envió un mensaje de apatía institucional. Es difícil creer en una “agenda prioritaria de género” en el Congreso cuando el líder de la bancada panista no prioriza el diálogo directo con los colectivos ciudadanos en su propia casa política.
La reunión no fue menor en asistencia ni en peso social; contó con figuras como la diputada Nadia Ramírez y las regidoras de Ixtlán del Río, Aide Rivera y Lirio Casas, quienes sí dieron la cara ante las demandas ciudadanas. Incluso líderes de la sociedad civil como Miroslava Ibarra Avalos, de Actívate y Prolife Army, y la activista Ana María López Camberos, se sumaron al llamado de unidad. Sin embargo, este esfuerzo de vinculación social parece ser un trabajo solitario de la Secretaría de las Mujeres, pues mientras ellas tejen alianzas con colectivos senderistas y de defensa de la vida, la cúpula masculina del partido se limita a emitir comunicados de cortesía desde la comodidad de sus oficinas.
El discurso de Zarina Cabrales fue claro: “no solamente tenemos que dejarlo aquí en un discurso, tenemos que accionarnos”. No obstante, esta exigencia de responsabilidad parece topar con pared ante un liderazgo estatal que no acompaña las palabras con presencia física. Si bien se mencionaron nombres como los de Macrina (Xalisco) y Lupita Vázquez (Tepic) como pilares de la estructura, la falta de compromiso tangible por parte de la dirigencia debilita la contundencia del mensaje. No se puede exigir responsabilidad institucional hacia afuera cuando, hacia adentro, el presidente del partido se ausenta de los foros donde se analizan las deudas históricas con las nayaritas.
Finalmente, el mensaje enviado a nombre de Ramón Cambero prometiendo que la agenda legislativa «seguirá priorizando los temas de género» suena más a un trámite burocrático que a una convicción real. Con un estado que exige respuestas inmediatas ante la inseguridad y la desigualdad, la militancia y los colectivos esperan algo más que «grandes saludos». El PAN Nayarit tiene una oportunidad de oro para ser un verdadero contrapeso, pero mientras su dirigente mantenga una sana distancia con los problemas que afectan a la mitad de la población, el compromiso por el 8 de marzo quedará reducido a un simple acto de relaciones públicas.
